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Cuatro mitos acerca de las relaciones de pareja

Cuatro mitos acerca de las relaciones de pareja

– Escrito por Camilo Arbeláez, psicólogo clínico, Magister en Psicología Clínica.

En mi experiencia en el desarrollo del trabajo clínico que realizo con parejas, generalmente me encuentro con planteamientos muy interesantes, que contribuyen a la construcción de una perspectiva más clara de lo que realmente son las relaciones de pareja. Durante muchos años se han construido, socialmente, múltiples mitos acerca de las relaciones de pareja, que han llevado a la culminación de las mismas en un porcentaje muy alto. Mi interés, es darles a conocer algunos de ellos, con el propósito de que ustedes, cada uno, como miembros de una relación, se auto-evalúen y puedan identificar cuáles de ellos se han mantenido en sus mentes y adicionalmente, si estos no los dejan vivir su relación plenamente. 

Russ Harris, un psicólogo clínico y terapeuta que admiro profundamente, estableció que existen, principalmente, cuatro mitos que han aprendido las personas durante su vida.

Mito 1: La pareja perfecta

Generalmente creemos que en algún lugar del mundo existe una persona que es perfecta para nosotros, que está pacientemente esperando, matando el tiempo mientras llegamos a su encuentro. Adicionalmente, pensamos que esa persona va a suplir todas nuestras necesidades, va cumplir todos nuestros deseos y vamos a vivir felices por siempre. Desde los primeros cuentos que leímos, las películas de Hollywood, las canciones románticas, nosotros hemos estado reforzando esto permanentemente.

No existe el socio perfecto así como no existe la pareja perfecta. Hay una vieja broma que dice: “Existen dos tipos de parejas: las que tienen relaciones maravillosas y las que tú conoces realmente bien”. Si pudiéramos conocer a fondo las relaciones que son aparentemente perfectas, podríamos darnos cuenta cómo son realmente.

Ahora bien, ¿Qué tan fácil es sacar estas ideas de tu cabeza? ¿Es sencillo no comparar a tu pareja con otras personas?, o ¿Dejar de fantasear acerca de la pareja que podrías o deberías haber tenido?, o ¿De la pareja que tuviste pero por alguna razón ya no está? ¿Qué tan difícil es desenfocarse de los defectos y las fallas que ves en tu pareja y de pensar que la vida podría ser mejor únicamente si tu pareja cambiara?

Las respuesta para todas estas preguntas es: realmente es muy difícil para cualquier ser humano; sin embargo, el ser consciente de que la mayor parte de nuestro tiempo añoramos algo que no tenemos, podría ayudarnos a estar atentos a lo que tenemos y cómo podríamos valorarlo.

Mito 2: Tú me completas

En las relaciones, principalmente en la fase del enamoramiento, utilizamos este mito como una frase para expresar lo que se está sintiendo por el otro; sin embargo, si vivimos la vida basados en el mito de que sin nuestra pareja no estamos completos, ¿No estaríamos propensos a experimentar múltiples problemas? Es probable que seríamos personas necesitadas, dependientes y temerosos de estar solos, lo cual no está relacionado con una relación saludable y vital. En una relación más cercana con nosotros mismos es posible descubrir que siempre hemos estado completos, independientemente de que exista una pareja en nuestras vidas. No obstante, nuestra mente no aceptara esto fácilmente, ya que esta última es naturalmente autocrítica y pareciera reiterativa en decirnos lo incompletos que estamos todos.

Si vivimos la vida basados en el mito de que sin nuestra pareja no estamos completos, ¿No estaríamos propensos a experimentar múltiples problemas? 

A partir de un trabajo personal, que en ocasiones se puede llevar a cabo a través de un proceso terapéutico, es posible experienciar un sentido de integridad y plenitud, sin que sea un requisito el tener una pareja. Esto va a permitir que seamos más sinceros con nosotros mismos dentro de una relación de pareja y de esta manera, expresar lo que necesitamos y además, levantarnos por nosotros mismos sin temor al rechazo o el abandono. 

Mito 3: El amor debe ser fácil

¿Cuando compartimos íntimamente y por un largo periodo tiempo, con otro ser humano que tiene diferentes pensamientos y sentimientos, intereses, expectativas acerca de las tareas del hogar, del sexo, del dinero, de la religión, de la crianza, incluso de las vacaciones, del balance entre el trabajo y otras actividades y del tiempo de calidad, distintos estilos de comunicación y negociación, reacciones hacia las cosas que nosotros disfrutamos, tememos o detestamos, diferentes comportamientos frente a la comida, el sexo, el deporte y el trabajo, estándares particulares de limpieza y aseo, amigos y significantes con los cuales no nos la llevamos bien y hábitos profundamente arraigados y particularidades que nos molestan, debería ser fácil? 

Es importante manifestar que siempre existirán diferencias significantes entre nosotros y nuestra pareja, en alguna o en todas las áreas mencionadas anteriormente, o en muchas otras. Todo esto está relacionado precisamente con la realidad de que las relaciones “no son fáciles”. Ellas sugieren comunicación, negociación, compromiso y mucha aceptación de diferencias.

Generalmente, nuestras mentes son rápidas para señalar que si nuestra pareja fuera más compatible con nosotros y no fuera tan diferente, entonces la relación podría ser más fácil. Sin embargo, es importante manifestar que siempre existirán diferencias significantes entre nosotros y nuestra pareja, en alguna o en todas las áreas mencionadas anteriormente, o en muchas otras. Todo esto está relacionado precisamente con la realidad de que las relaciones “no son fáciles”. Ellas sugieren comunicación, negociación, compromiso y mucha aceptación de diferencias. También requieren honestidad de nuestra parte sobre nuestros deseos y sentimientos, e incluso en algunas situaciones en las que esté en juego nuestra salud o bienestar, no establecer compromiso. En la medida en que nosotros esperemos que nuestra pareja piense, sienta y actúe como nosotros, estamos destinados a la decepción y a la frustración. Por otro lado, cuando aprendemos a aceptar, verdaderamente, las diferencias de nuestra pareja se hará evidente que la frustración, el resentimiento, o la ira comenzaran a disolverse, entonces podremos disfrutar de los múltiples placeres que puede brindarnos una relación sana.

Mito 4: El amor eterno

Cuando las personas hablan del amor, generalmente ellos hacen referencia a un estado emocional que a su vez se basa en una maravillosa mezcla de pensamientos, sentimientos y sensaciones. El problema de definir el amor desde esta perspectiva es que el sentimiento no dura mucho. Para una mayor claridad, si nos quedamos por un tiempo observando las nubes en el cielo, podemos darnos cuenta que se encogen, se vuelven más grandes, se desvanecen y vuelven aparecer. Esto mismo hacen nuestras emociones.

Por supuesto, al inicio de una relación, los sentimientos de amor son más intensos, duran más tiempo y regresan más rápido que cuando la relación está más avanzada. Sin embargo, esta etapa se denomina como enamoramiento y según Harris, en promedio dura entre 3 y 8 meses, y en algunos pocos casos puede durar máximo 3 años. Existe un inconveniente fundamental y es que cuando esta etapa culmina, generalmente  experimentamos una sensación importante de perdida, la cual lleva a un gran porcentaje de parejas a finalizar sus relaciones, justificando la decisión en la ausencia del sentimiento por el otro. Lo que muy pocas personas logran entender es que una relación amorosa, autentica y significativa se desarrolla únicamente después de que la fase de enamoramiento o “luna de miel” termina. Harris menciona que esta fase es como cuando una persona está bajo el efecto de una droga que juega con los sentidos. Cuando la persona está en el pico del efecto, ve a su pareja maravillosa; claro está, que esta persona no está viendo la realidad, únicamente está viendo una fantasía inducida por la droga, entonces cuando el efecto se acaba, es allí cuando la persona puede ver a su pareja como es realmente. Sin embargo, en este punto se genera la posibilidad para construir una relación intima autentica entre dos personas que se ven como realmente son, y en la medida que se va desarrollando la misma empezarán a generarse nuevos sentimientos de amor; quizás no tan intensos pero si infinitamente más ricos y satisfactorios. 

En conclusión, Harris nos sugiere una forma más útil de pensar acerca del amor, la cual define este como una acción y no como un sentimiento. El sentimiento de amor viene y se va como la brisa; no podemos controlarlo; sin embargo, la acción de amar es algo que podemos hacer independiente de cómo nos estemos sintiendo.

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